Las Experiencias de Abandono y Adopción, en Niños y Padres, Desde una Perspectiva Psicológica Motivacional

 

                                                           Lotta Landerholm, Estocolmo, Suecia.

 

International Forum of Psychoanalysis, Vol. 10, Nº 1, Marzo 2001

 

Traducción de: Javier Naranjo, Centro de Estudios y Aplicación del psicoanálisis, Madrid, España.

 

            ¿Porqué centrar la atención sobre los problemas de la adopción cuando los estudios longitudinales más recientes demuestran que los niños adoptados, en términos generales, funcionan bien? (1,2)

            Yo encuentro tres motivos:

            1.- Algunos tienen problemas graves (3-6).

            2.- Otros, bajo la apariencia de un funcionamiento adecuado, tienen problemas y carencias (7-13). Estos problemas y carencias son como una piedrecilla en un engranaje, que si no se aborda, pueden ser causa de sufrimiento y transmitirse a través de las generaciones (14-15), y

            3.- Cuando estamos ante un problema y, en vez de negarlo, lo reconocemos y asumimos, aumentamos las posibilidades de solventarlo (11, 18-25).

            A continuación aplicaremos la teoría de la motivación de Joseph Lichtenberg a las experiencias de niños abandonados y posteriormente adoptados, así como a los individuos o parejas estériles que adoptan niños. Aportaremos ejemplos de cómo se desarrollan las dificultades y los procesos curativos en la familia adoptiva, como consecuencia del paralelismo entre las experiencias de ambos.

            Sin duda las experiencias de los niños abandonados por sus padres biológicos y las de las parejas que no pueden tener hijos varían según las circunstancias y las distintas oportunidades y medios de que hayan dispuesto para abordar dichas experiencias.

Mi objetivo no es ofrecer ninguna teorización válida para todos los casos específicos ni idealizar un tipo de “cuidado normal”. La realidad es que nos podemos encontrar con abandonos y cuidados mejores o peores tanto en familias con lazos biológicos como familias en que no los hay. Más bien, mi objetivo consiste en señalar los peligros y posibilidades que supone el paralelismo que hay entre las vivencias de los niños y de los padres en las familias adoptivas.

 

Joseph Lichtenberg

Joseph Lichtenberg (26,27) se mueve en la tradición de la psicología del self, iniciada originalmente por Kohut. En Psicología y Motivación (26) Lichtenberg presenta la teoría de la motivación en la que combina el psicoanálisis con las observaciones de bebés más recientes, categorizando un gran número de resultados empíricos en cinco sistemas motivacionales desde el punto de vista privilegiado del psicoanálisis dinámico.

         Esbozó cinco sistemas dirigidos a facilitar la regulación y la satisfacción de las necesidades básicas. Cada sistema

- comprende diversos aspectos motivacionales y funcionales.

- constituye una entidad psicológica (con sus posibles correlatos neurofisiológicos)

- se conforma en torno a una necesidad fundamental, y

- se basa en conductas claramente observables, que comienzan en el periodo neonatal.

         Los cinco sistemas motivacionales son: 1. La necesidad de una regulación psíquica de las demandas fisiológicas; 2. La necesidad de apego y posteriormente de afiliación; 3. La necesidad de exploración y afirmación y 4. La necesidad de reaccionar de modo aversivo por medio del oposicionismo o la evitación y 5. La necesidad de disfrute sensual y excitación sexual.

Estos sistemas existen desde el inicio de la vida y emergen en la interrelación con los cuidadores y otras personas del entorno. Puede que en un momento dado predomine uno o más sistemas, mientras los demás quedan subordinados. Cada individuo desarrolla su propio[1] modo personal de regular las necesidades en relación consigo mismo y con el mundo que le rodea: un self individual con objeto de “iniciar, organizar e integrar las experiencias, en orden a preservar la cohesión” (26, pg. 233). El sentido del self surge de la propia experimentación de ese proceso continuo. Cuando se pueden experimentar las necesidades y éstas se satisfacen, la sensación de vitalidad se ve reforzada.

Considero que esta teoría es muy útil y la aplicaré a las experiencias que provocan el abandono (28-33), la esterilidad (25, 34-42) y la adopción (5, 43-51). Apoyándonos en esta teoría para organizar los conocimientos anteriores de un modo novedoso, esclareceremos determinados paralelismos entre los niños que son abandonados por sus padres y los adultos que se ven abandonados por su propio cuerpo y el anhelo de un hijo biológico.

         Tanto los niños abandonados como las parejas que no pueden tener hijos sufren experiencias traumáticas en relación a sus necesidades básicas, en cada uno de los cinco sistemas motivacionales. Cuando, en un proceso de adopción, adultos y niño se encuentran, el paralelismo de estos traumas puede ser destructivo para el niño y puede afectar al desarrollo individual de cada uno y a la propia relación de la pareja. Es posible que el niño, a causa de sus carencias primitivas o los malos tratos recibidos, presente dificultades que evoquen a los padres de él o de ella, o incluso a las propias dificultades de la pareja, provocadas bien por la esterilidad, bien por las investigaciones que se  llevan a cabo durante los procesos de adopción. La existencia de heridas en ambas partes supone el riesgo de que se activen mecanismos de defensa como la negación, proyección, desvalorización e idealización y que éstos tiñan la vida familiar. Sin embargo, y esto sería mi tesis principal, los paralelismos también pueden suponer un aumento de las posibilidades de crecimiento y curación.

         En los siguientes capítulos esbozaré los sistemas uno a uno; primero, con una presentación breve y segundo, observando las experiencias que sufren el niño abandonado y la pareja estéril y tercero, resumiendo las experiencias que son comunes a padres e hijos en la familia adoptiva. A partir de aquí se establecen las consecuencias tanto en función de los riesgos, como de las posibilidades. El artículo concluye con una breve presentación de mis propias experiencias en el campo de la adopción y dos entrevistas a mujeres adoptadas, con puntos de vista muy diferentes.

 

1. El sistema motivacional basado en la regulación psíquica de las necesidades fisiológicas

         Después del nacimiento y durante un largo periodo de tiempo, el bebé necesita que un cuidador se ocupe de la mayor parte de sus necesidades fisiológicas El funcionamiento pre-programado del bebé y las respuestas organizadoras de los cuidadores generan un sistema interregulador. Apoyándose en las repetidas vivencias de este interjuego, el bebé irá encontrando lentamente su propio modo de reconocer y diferenciar sus necesidades corporales, así como su modo individual de satisfacerlas.

         Cuando la regulación mutua es acertada y un estado fisiológico se torna en otro y los días se van sucediendo sin perturbaciones, las dos partes sienten una coloración afectiva general de signo positivo. La significación de una experiencia nutritiva satisfactoria mutua está sobradamente documentada: “(el ciclo) Hambre-Satisfacción genera potentes huellas en la memoria, debido a que su ritmicidad biológica exige una repetición constante, impidiendo la extinción del recuerdo” (26, pg. 34). Idéntica significación podemos atribuir a otro tipo de necesidades fisiológicas como la eliminación, la estimulación táctil y propioceptiva, el sueño, el equilibrio o el control térmico, aunque  no se hayan investigado tan sistemáticamente. En este sentido, el funcionamiento fisiológico está imbrincado con la relación social desde el inicio de la vida.

 

¿Cuáles son las consecuencias para el niño abandonado y posteriormente adoptado?

         Cuando a lo largo de la infancia hay distintas personas que toman el papel de cuidador sin que haya continuidad alguna, el ritmo que se crea entre las necesidades corporales del niño y el modo de atenderlas del cuidador se ve perturbado una y otra vez. Esto implica la posibilidad de que la coloración afectiva del ritmo sea de una menor seguridad que cuando se mantiene constante la relación bebé-cuidador. Cuando el ritmo no es tan seguro, los ritmos corporales pueden quedar asociados otros afectos como el miedo, la vergüenza o la indiferencia.

         Las necesidades corporales insatisfechas, la ausencia de continuidad y las vivencias de miedo pueden generar en el niño abandonado ciertas dificultades en relación con los sentimientos de seguridad conectados con el cuidado corporal. Es probable que, cuando falta el cuidador o hay distintos cuidadores en distintos momentos, el entorno satisfaga de modo irregular el hambre, las necesidades higiénicas, el descanso y la comodidad. En consonancia, puede que la interrupción y el déficit caractericen estas necesidades que deberán integrarse, lo cual, a su vez, puede generar problemas a la hora de que el niño desarrolle la capacidad psíquica de interpretar sus propias señales corporales, la habilidad y confianza en poder provocar efectos en el mundo exterior, así como la oportunidad de incrementar la confianza en la reciprocidad. Es más, al crecer, al bebé le será más difícil reconocer su cuerpo y sus señales en sus padres u otras personas del entorno. Esto puede llegar a ser muy complicado en la adolescencia, cuando se integran los elementos físicos y psíquicos para convertirse en hombre o mujer.

         Puede que los padres adoptivos estériles sufran experiencias paralelas en lo que se refiere a la regulación psíquica de las demandas fisiológicas. La infertilidad puede provocar la sensación de haber sido traicionado por el propio cuerpo. Cuando en individuos que planificaron y esperaron un hijo aparece la infertilidad, el cuerpo puede vivirse como alienado. El ritmo que implican los periodos menstruales se convierte en la periodicidad de la esperanza, la decepción y el dolor.

         Los procedimientos técnicos de investigación de la infertilidad, o el propio lenguaje sobre infertilidad usado por los médicos puede ser emocionalmente doloroso. Los análisis de semen y óvulos, la planificación de coitos y las pruebas que se realizan después del coito suelen interferir en lo más privado de la pareja, lo cual genera una tensión considerable.

         El anhelo de un hijo biológico de nuestra propia carne en el que poder investir aspectos de nuestro self no expresados o desconocidos queda insatisfecha.

         De este modo las vivencias del niño adoptado pueden generar dificultades en lo que se refiere a la regulación psíquica de las demandas fisiológicas, al mismo tiempo que las de los padres infértiles afectan negativamente a su fe en los procesos biológicos naturales.

         Encontramos ciertos paralelismos entre estos dos grupos de experiencias:

1.- Una interrupción biológica

- En el caso del niño, en relación con las generaciones anteriores

- En los padres, en relación a las generaciones venideras

2.- Una vivencia particular de los ritmos

- En el niño: interrupciones en relación con el maternaje y los cuidados

- En los padres, en lo que se refiere a los ritmos vitales y los periodos menstruales

3.- Exposición corporal a manos y ojos ajenos

- En el niño, la experiencia de tener cuidadores diferentes, que puede incluir malos tratos y cuidados inadecuados

- Para los padres, por parte de los profesionales sanitarios encargados de investigar la infertilidad, lo cual a veces supone una intrusión continuada en su intimidad.

         Por ejemplo, una niña abandonada, debido a las experiencias que ha sufrido, puede tener dificultades para interpretar y confiar en las señales que le envía su propio cuerpo, posteriormente puede que se concentre abierta o encubiertamente en la ausencia de pertenencia biológica. Los padres estériles tienen que enfrentarse a la idea de que ellos mismos tienen motivos suficientes para desconfiar del funcionamiento y ritmos corporales. La niña que no ha sido criada adecuadamente y que posteriormente es adoptada, corre el riesgo de sufrir una aparición prematura de la pubertad. Esto puede provocar, en los padres adoptivos, sentimientos difíciles de manejar. Para ellos, los periodos menstruales han sido como un círculo vicioso recurrente y doloroso de la esperanza a la decepción. Sin embargo también puede que estos padres, partiendo de la elaboración que hayan hecho de sus dificultades con el funcionamiento corporal, sepan cómo poder relacionarse comprensiva y respetuosamente con el niño para satisfacer las consecuencias de un retraso en el desarrollo y/o la restauración de la regulación psíquica de las demandas fisiológicas.

 

2. El sistema motivacional de apego-afiliación

         El niño tiene la capacidad innata de comunicar, conectar y establecer vínculos emocionales. El contacto visual, ritmo, sonidos, olor y expresiones faciales interactúan en el interjuego con el cuidador. Los afectos asociados a este interjuego tiñen el vínculo que va a desarrollarse. Cuando hay un cuidador que está dispuesto a responder coherentemente y de modo predecible, a finales del primer año de vida, la interrelación mutua va generando un vínculo caracterizado por la confianza básica. Si se dispone de cuidadores con la suficiente frecuencia, se  generarán afectos de placer en la intimidad individual y conjunta, de un tono diferente con cada progenitor.

         La motivación de apego implica disfrutar de la intimidad, que crece al aprender las normas para desarrollar y preservar dicha intimidad, por medio de los diversos modos de comunicarse y “ser-con”. Con la motivación por la afiliación ocurre exactamente lo mismo (26, pg. 118).

         El apego se desarrolla, en parte, a través de la interacción entre el bebé y su cuidador, en la cual “la línea base de sintonía, intuitiva e inadvertida, con frecuencia aporta al bebé la información de que sus estados vivenciales internos son compartidos por las personas de su entorno y que, además, éstas reaccionan ante dichos estados. Por otro lado, el apego se establece también, en parte, por la repetición de experiencias de separación-unión, que son un tipo de interacción de alta tensión más “ruidoso y que ponen en juego patrones más importantes por los que se regula el apego” (26, pg. 123).

          En la medida en que desde el nacimiento o antes se contemple el placer de la intimidad en el vínculo individual, el placer de la pertenencia grupal permitirá la posibilidad de sentir experiencias de afiliación, esto es, grupos con vínculos relacionales, objetivos, creencias o ideales compartidos. “La significación de la afiliación consiste en que, para el individuo, supone otra fuente de calma, afirmación individual y confirmación de la auto-estima” (26, pg. 123).

         ¿Qué sucede con el niño abandonado en el sistema motivacional de apego-afiliación? Puede que el niño que mantiene relaciones que carecen de estabilidad desarrolle un sistema motivacional de apego teñido de afectos de temor, pena y rabia. Cuando la experiencia de la relación está compuesta interrupciones continuas o de intervenciones esporádicas que provocan temor o nada en absoluto,  el apego puede quedar asociado a sentimientos de frustración frente a los cuales el niño reaccionará retirándose o agrediendo. Los cuidados inadecuados o insuficientes pueden generar un patrón interno de cuidado negligente. Las rupturas en la continuidad de la relación bebé-cuidador provocan fuertes sentimientos. La escasez de oportunidades en que poder compartir éstos y otros sentimientos dificultan el desarrollo de un lenguaje de comunicación o un lenguaje con el que poder investigar y aprender a leer la información en el rostro del cuidador, con objeto de evaluar los sucesos de la vida. Es probable que el niño abandonado cuente con pocas experiencias de apego y sintonía y uniones contenedoras y sin embargo sufra muchas separaciones contenedoras.

         Cuando se crece en una familia adoptiva pueden surgir problemas derivados de que la historia del niño es distinta de la de sus hermanos, también su conexión biológica es distinta de la del resto de la familia. Es más, ni siquiera se puede recurrir al parecido físico con los familiares para fortalecer el apego y la afiliación.

         La pareja estéril sufre una profunda ruptura en la continuidad cuando asume que no va a tener hijos biológicos. Puede que sea como una bofetada para la afiliación a la imagen interna de una “familia normal”, y a los roles de género, así como frente a otros que sí tienen niños, como sus padres, amigos compañeros de trabajo y vecinos. El hijo permite que los padres se integren en múltiples redes. Además la experiencia de la infertilidad puede provocar un efecto negativo en el apego interno de la misma pareja.

         Los sentimientos asociados a la ruptura de la continuidad y  afiliación no son fáciles de compartir con personas que no sean de la familia, por lo que, con frecuencia, puede provocar un cierto aislamiento social. También podemos observar dificultades a la hora de compartir los sentimientos que conlleva la infertilidad dentro de la propia pareja. Algunas personas, casi siempre los hombres, tratan de eludir la situación no hablando de ella, para no molestar a la pareja. En contraste la mujer puede interpretarlo como una falta de interés.

         En consecuencia, tanto el niño abandonado como la pareja estéril siente la sensación de amenaza sobre sus necesidades de apego-afiliación:

1.- Ruptura en la continuidad

- En el caso del niño abandonado no hay un cuidador continuo y predecible con el que poder sentir crecer el apego y el placer de la intimidad

- Para la pareja la esterilidad implica, en algunos aspectos, la pérdida de la continuidad de la vida

2.- Dificultad para compartir

- En el niño abandonado se da una ausencia de oportunidades para compartir la necesidad de comunicarse de un modo continuado. Esto, por un lado, puede provocar dificultades a la hora de desarrollar el lenguaje hablado o no hablado. Y, por otro, puede hacer más difícil adquirir la confianza interna para poder compartir sus sentimientos con los demás, especialmente los más fuertes

- Para la pareja, la infertilidad puede plantear dificultades a la hora de compartir entre ellos y con los demás.

3.- Pérdida de las señales de apego

- En el niño abandonado, que no puede volverse hacia sus padres o parientes en busca de parecido físico, como base del apego

- En la pareja estéril, que no puede encontrar en el niño sus propios rasgos

4.- Pérdida de las posibilidades de afiliación

- En el niño abandonado que siente una pérdida de la pertenencia biológica o cultural, que la mayoría de sus familiares y amigos no tiene

- Para la pareja infértil, una pérdida en el modo natural de sentir la afiliación con otras parejas, en lo que se refiere a embarazo y parto.

         Por ejemplo, es muy posible que un niño pueda no ser capaz de distinguir entre sus padres adoptivos y otras personas. Puede sonreírle a cualquiera. Posteriormente sus sentimientos de tristeza o dependencia pueden transformarse en ataques de agresividad. Los problemas en relación con la posibilidad de compartir pueden hacerle difícil al niño confiar en los padres en lo que se refiere a los sentimientos negativos más intensos. Los padres, entonces, pueden reaccionar sintiéndose abandonados o con celos. En la adolescencia el niño suele volcarse en grupos o intereses bastante diferentes de los de los padres adoptivos.

         Puede que la esterilidad suponga una herida narcisista para los padres adoptivos en lo que se refiere a su función como padres. Los ideales sobre la vida familiar pueden frustrarse otra vez más. Las reacciones de los niños ante la ausencia de parecido suelen ser muy provocadoras para los padres, especialmente cuando tratan de trivializar dichas señales de apego. Cuando se trata de personas sensibles a la crítica puede que se defiendan atribuyendo los problemas de cooperación mutua a la herencia del niño. En este sentido el niño vuelve a ser abandonado una vez más.

         Aunque, por otro lado, también existe la posibilidad de que el niño y sus padres adoptivos, precisamente a causa de esas experiencias de separación, puedan darle un valor especial al hecho de encontrar un modo de poder compartir. En los niños la motivación de apego es fuerte. Las investigaciones demuestran que, cuando se les da la oportunidad, son capaces de establecer vínculos emocionales nuevos, especialmente cuando la adopción se lleva a cabo antes de los seis meses. Es más, cuando se produce una separación, de una parte, la posibilidad de apego aumenta el sufrimiento, pero, de otra, también se incrementan las capacidades para establecer nuevos apegos.

         Los padres que elaboran el dolor de la infertilidad pueden hacerse suficientemente fuertes como para contener al bebé que manifiesta su aversión, sin perder la seguridad en sí mismos. En consecuencia, son precisamente ellos quienes pueden ayudar al niño a confiar más en el apego. Reconocer el propio dolor les capacita para reconocer el dolor que se esconde tras la aversión y la agresividad.

         Si, a pesar de los obstáculos, se las han arreglado para compartir sus sentimientos entre los dos y con otros amigos (p. ej. otros padres adoptivos) probablemente vayan a poder ayudar al niño a fortalecer la capacidad de compartir con los demás. Una de las cosas más importantes sobre la que los individuos de una familia adoptiva deben encontrar el modo de compartir es la historia especial de la vida, incluyendo los sentimientos más intensos.

         Puede que los padres adoptivos reconozcan en sí mismos el deseo de buscar parecidos y entonces puedan ayudar al niño/a en su búsqueda de señales de pertenencia. Una pareja que está al tanto de las dificultades que implica ser diferente probablemente sea más empática y pueda apoyar los caminos, a veces un tanto extravagantes, que el niño puede tomar para encontrar sus afiliaciones.

         Aquellos padres que hayan elaborado la crisis que supone su propia infertilidad podrán, de este modo, ser más permisivos en lo que atañe a sus propios deseos y, en consecuencia, también con los del niño.

 

3.- El sistema motivacional exploratorio-asertivo

         Según Lichtenberg “las motivaciones de exploración y asertivas y los sentimientos de eficacia y placer de competencia que los amplifican son, sin duda, elementos significativos en la sensación de ser uno mismo, que con frecuencia se menosprecian” (26, pg. 127). Esto lo sabemos por la observación de bebés en la vida cotidiana y también por situaciones experimentales en que responden activamente a la resolución de problemas. El sistema asertivo se activa espontáneamente en respuesta a las oportunidades exploratorias del entorno. El placer se deriva de la conciencia que tiene el bebé de haber provocado un resultado.

         El niño se va haciendo consciente y centra su atención en el juguete móvil en la fase exploratoria; arreglárselas para seguirlo con los ojos y llegar a atraparlo son los indicadores de la asertividad. Podemos observar un proceso similar cuando el bebé se siente incómodo, llora y la madre aparece para calmarlo. La exploración tiene más que ver con el “!ajá…!” del insight, mientras que la aversión, en contraste, tiene que ver con el poder de la destreza (26, pg. 124).

         Es del juego de donde proviene la necesidad del niño de explorar el mundo y llevar a cabo intentos tímidos o atrevidos de cambio. Cuando empieza a gatear, la capacidad de utilizar modos simbólicos de organizar y representar experiencias harán más complejo el interjuego con su entorno.

         El objetivo consiste en lograr un grado de eficacia y competencia, a partir del intento de crear por sí mismo una modificación de las vivencias del self. Cualquier forma que tome el juego es un intento de  explorar el entorno y dejar en él una marca simbólica del self, logrando de este modo, una sensación de eficacia y competencia en la medida en que el potencial regulatorio y confirmador de la relación bebé-cuidador lo pueda facilitar, trátese de una relación pasada o presente.

         ¿Cómo se desarrolla el placer de la eficacia como objetivo permanente del self en el niño abandonado? Es probable que, durante la infancia, haya tenido pocas oportunidades de que un padre o un cuidador constante le sonrían. Puede que no haya habido nadie que para oir su llanto y satisfacer su necesidad de comodidad. En este caso, la sensación interna de competencia o eficacia  no se va a desarrollar automáticamente. Haber estado ingresado en una institución supone que cuente con menos posibilidades de vivir situaciones y relaciones que conlleven una dosis suficiente de estimulación, afinidad y responsividad como para crear un clima adecuado para satisfacer las necesidades de exploración, asertividad y alcanzar una sensación progresiva de placer de eficacia.

         La pareja estéril carece de la experiencia exploratoria y asertiva de quedarse en estado y dar a luz un bebé. En consecuencia, carecen de la confirmación que implica tener un hijo biológico, como expresión de uno mismo, como expresión de la propia identidad sexual y como manifestación de independencia.

         En la mujer, el hecho de que se sucedan las menstruaciones sin resultado confirma la ausencia de una elección personal y la ausencia de poder sobre el propio cuerpo. El hombre de la pareja estéril a menudo trata de apoyar a la mujer de distintas maneras, aunque no siempre con éxito. Si considera que tiene el deber de ser un proveedor fuerte para su esposa, puede que se sienta fracasar en dos aspectos: dejarla embarazada y ayudarla a sentirse mejor.

         Para los dos miembros de la pareja que están pasando por un proceso de investigación de infertilidad, la posibilidad del embarazo queda fuera de su control y de la propia relación. A él le mandan a hacerse una prueba de esperma y ella la examinan y tratan en ausencia de él.

         Por todo esto, el niño abandonado y la pareja estéril pasan por ciertas experiencias paralelas en lo que se refiere a su sistema exploratorio-asertivo.

1.-  Pérdida de control. Hay una desconexión entre lo que se desea y lo que se tiene

- (En el caso del niño, con fracasos recurrentes en sus intentos por lograr las relaciones deseadas con personas y cosas y

- (En el caso de la pareja estéril, con fracasos recurrentes para lograr un embarazo, que culminaría con el nacimiento de un hijo biológico

2.- Pérdida de la predictibilidad

- (En el caso del niño, hay escasas posibilidades de lograr que se repitan los estados de comodidad, dado que hay distintas personas ocupándose de él

- (En el caso de la pareja, si uno de los objetivos de la vida consiste en crear una familia por sí mismos, cierta pérdida de la fe en la vida, en la planificación y en sus cuerpos

3.- Pérdida del placer de eficacia

- (En el caso del niño, puede retrasarse el placer de eficacia, ya que, en sus intentos de todo tipo, no se produce un resultado automático

- (En el caso de la pareja, no se llega a lograr el placer asertivo de sentir el embarazo, el parto y el encuentro con un niño producido por sus propios cuerpos

         Por ejemplo, un niño cuyos primeros intentos de lograr lo que desea en relación a otras personas y cosas hayan fracasado, puede tener dificultades en la planificación y en la concentración. Puede que pierda con facilidad la seguridad en sí mismo. Los problemas con los logros en la escuela u otras áreas pueden remover al progenitor, que también se ha visto golpeado en su competencia, en lo que se refiere a tener hijos biológicos. Es más, en la familia adoptiva, se corre el riesgo de que estos déficits fundamentales en el placer de competencia generen, tanto en el niño como en los padres ciertas dificultades para confiar en la fuerza de sus deseos y en las oportunidades de exploración.

         Pero también cabe la posibilidad de que los padres adoptivos, al haber superado determinados obstáculos, hayan pasado por experiencias importantes en el sistema motivacional exploratorio-asertivo. No han renunciado a la esperanza de tener un hijo y han conseguido el consentimiento de las autoridades para poder adoptar. Esto puede fortalecer su confianza en que los problemas pueden superarse de distintas formas. En este caso podrán sentir mayor empatía hacia los posibles defectos de su hijo adoptivo y afirmarse en el convencimiento de que el niño tendrá que encontrar sus propios modos, probablemente poco convencionales, de lograr el placer de la eficacia.

 

4. El sistema motivacional aversivo

         Lichtenberg afirma: “Los demás sistemas comienzan con una respuesta afectiva automática de naturaleza placentera, que luego se convierte en una meta para repetir la experiencia, cuando el par bebé-cuidador crea y vuelve a crear la situación en que puede volverse a repetir el efecto” (26, pg. 172). Las respuestas aversivas, sin embargo, funcionan como una señal para el cuidador, que debe eliminar las causas del malestar si es posible y/o calmar y tranquilizar al niño. La experiencia, que arranca en la primera infancia, de que las personas del entorno reaccionen ante nuestra incomodidad de forma afectiva y empática genera, a lo largo de la vida, una forma peculiar de apego positivo (26, pg. 187). Al integrar el funcionamiento aversivo, el bebé aprende que la rabia (a través del antagonismo) y el temor (a través de la retirada) puede ser instrumentos al servicio de la auto-protección, a la vez que elementos de la vida social. Primero, en la rabia de la aversión tenemos el efecto vitalizador para superar los obstáculos. Segundo, el cuidador fomenta las respuestas aversivas en las situaciones de peligro físico y emocional enviándole señales afectivas de carácter restrictivo, por ejemplo, las expresiones “!No¡ y ¡Cuidado¡. Y, tercero, con la ayuda del sistema aversivo el niño empieza a formar su propia agenda. El cuidador debe tener la capacidad de poder implicarse de modo empático en las controversias cargadas de significado creando, de este modo, un punto de partida importantísimo para poder normalizar y resolver las controversias y conflictos.

         Es probable que el niño abandonado tenga problemas para integrar el sistema aversivo. A veces no hubo nadie para calmarle, aun cuando pudiera estar muy rabioso. Otras veces puede que sí estuvieran disponibles, aunque el niño no lo deseara, y entonces sus señales de retirada no tenían efecto. Ha habido varios cuidadores por lo que es probable que no haya ninguna continuidad a la hora de intervenir y proteger y construir didácticamente sistemas estables de respuestas aprendidas aversivas frente a los peligros (26, pg. 188).

         La capacidad adaptativa fundamental para generar un sistema de funcionamiento aversivo normal comienza a desarrollarse en el periodo presimbólico. Esto implica construir la experiencia afectiva del self y de los demás, como individuos diferentes, con concepciones diferentes de cómo deben hacerse las cosas. El niño abandonado, expuesto a interrupciones en el cuidado y la crianza puede tener dificultades para aprender a involucrarse en y normalizar las controversias.

         En muchas culturas como la nuestra, hacerse adulto supone crear una familia. Cuando la pareja resulta estéril se genera un grado importante de rabia. A veces esto puede venir seguido de una sensación desbordante de protesta. Esta rabia, sentida y expresada en mayor o menor grado, puede dirigirse hacia uno mismo, hacia la pareja, amigos fértiles, los padres, otras parejas que tienen hijos, Dios, el destino, los estudios de infertilidad o hacia los profesionales que se suponía iban a ayudar, primero con la fertilización y luego con la adopción.

         En consecuencia, las vivencias relacionadas con la necesidad de reaccionar de forma aversiva del niño abandonado pueden correr paralelas con las de la pareja estéril.

1.- Fallos a la hora de sentir los elementos vitalizadores y productivos de la rabia a la hora de superar los obstáculos

- Al niño no se le calmó del dolor derivado de la separación a pesar de sus protestas

- La pareja estéril no superó los impedimentos para el embarazo y para poder traer al mundo un hijo biológico

2. Dificultades para evaluar los peligros

- Probablemente el niño tenga déficits en el proceso de aprendizaje para evaluar el peligro en las comunicaciones a través de signos o señales cargadas de afecto, y

- Puede que los padres le tengan miedo a su propia rabia o a la de su pareja, provocada por la infertilidad y los estudios correspondientes, es decir, la rabia como reacción natural frente a los obstáculos puede considerarse peligrosa en sí misma

3.- Las controversias graves no se han resuelto

- Probablemente el niño tenga déficits en lo que se refiere a la continuidad y predictibilidad del proceso de aprender a afrontar las controversias del par bebé-cuidador. También ha tenido experiencias de conflicto entre sus propias necesidades y las ajenas, que al menos en una ocasión han culminado en una separación importante y

- Puede que la pareja tenga conflictos sin resolver a causa de la propia infertilidad, además de los conflictos de la relación, los de la vida social (si por ejemplo se ha roto alguna amistad) y con Dios y el destino.

         Por ejemplo, una de las formas en las que puede reaccionar el niño abandonado es con una retirada continuada o con rabia generalizada. Cuando esto se combina con la evitación absoluta o la exposición directa a situaciones de riesgo, en los padres adoptivos se produce una situación difícil de afrontar. Puede que ante la retirada del hijo reaccionen retirándose ellos mismos, o atacando ante el ataque del hijo, o de cualquier otra forma que suponga un abandono del niño que manifiesta formas no elaboradas de aversión. El arte de manejar el enfrentamiento o la aversión de forma constructiva es muy noble, aunque difícil. En la familia adoptiva el riesgo reside en la posibilidad de que haya un temor a la rabia causado por una interpretación (posiblemente inconsciente) de que la rabia de la pareja o de cada uno de ellos, o la del niño, es la causa de la situación no querida (p. ej. carecer de las conexiones biológicas esperables). En este caso la propia rabia genera rabia. Temerla es peligroso, puesto que es un elemento necesario a la hora de producir respuestas adecuadas frente a los obstáculos y peligros, así como para regular los conflictos.

         Sin embargo, podría ser que los padres adoptivos, al elaborar los sentimientos que conlleva la infertilidad y los procesos médicos de investigación, hayan logrado un sentimiento profundo de confianza. Puede que sientan que no van a permitir que nada destruya su relación, y en consecuencia puedan arreglárselas para estar ahí, para sentirse con el niño y entre ellos, en la dura batalla que supone encontrar el modo de pasar por y superar los conflictos.

         Durante la adolescencia, es probable que el hijo adoptivo rete a los padres en mayor medida que el resto de los jóvenes. Es entonces cuando el coraje, logrado a través de las propias situaciones para superar la rabia y la ira que llevan dentro, pueda servir para fortalecer la capacidad de los padres para mantenerse, afrontar y elaborar las necesidades aversivas del hijo adoptivo, y ayudarle a integrar el miedo y la rabia como los afectos instrumentales que son.

 

5. El sistema motivacional sensual-sexual

         A lo largo de la vida el placer sensual y posteriormente la excitación sexual generan momentos placenteros de intimidad, consolidación y relajación de los niveles de tensión, en una relación recíproca entre el individuo y las personas del entorno que van a satisfacer estas necesidades. Cuando los cuidadores interactúan con el neonato se dispara un programa innato para el disfrute sensual. Las etapas básicas del sistema motivacional sensual-sexual inician un proceso organizador a medida que los bebés tratan de repetir ese disfrute sensual tanto de los cuidadores como de él mismo.

         El placer sensual asociado a las sensaciones genitales se encuentra ya desde el inicio de la vida. Aunque lo genital va tomando gradualmente el papel predominante para garantizar el placer sensual y posteriormente la excitación sexual. Tocarse los genitales, frotarlos y acariciarlos produce placer sensual y son actividades que tienen un papel fundamental a la hora de integrar los genitales en la representación del self corporal (26, pg. 123).

         Las partes del cuerpo que denominamos zonas erógenas activan niveles muy altos de excitación.

         Es más, estas zonas no son sólo intrínsecamente ricas en sensaciones, sino que también implican actividades en las que inevitablemente se producen frecuentes interacciones con los cuidadores (26, pg. 225).

         El sistema motivacional sensual-sexual desarrolla la relación mutua niño-cuidador. Dependiendo de la capacidad del cuidador para cubrir la necesidad de ternura y respeto y sus marcos adecuados, la confianza en las posibilidades y la excitación quedarán conectadas a dichas necesidades. Aun así, afirma Lichtenberg, es inevitable que se produzcan fallos en la empatía: “Un ambiente empático puede mitigar el temor, la tensión y la rabia que disparan los misterios que confrontan al niño, pero no los eliminará completamente”. Misterios como las diferencias sexuales, la vulnerabilidad física, los interrogantes de la procreación, etc. los hemos de afrontar todos (26, pg. 241).

         ¿Cómo accede el niño abandonado al placer sensual? Lo habitual es que haya diversas personas que se ocupan de las necesidades básicas del niño, y por lo tanta haya diversos manejos de sus zonas eróticas sensibles. Hay distintas manos tocando la boca, la piel y los genitales, lo cual implica diversos grados de respeto por sus necesidades.  Probablemente tanto la alimentación como higiene se hayan realizado sin suficiente contacto, juegos, proximidades y arrullos que produzcan situaciones de placer sensual. Puede que no haya habido nadie que le cantara o le acunara, incluso puede que haya habido malos tratos.

         Durante la adolescencia es necesario que el niño integre la transformación de su cuerpo en el de un hombre o una mujer, con nuevas posibilidades sexuales, aunque él o ella sea el producto del coito entre un hombre y una mujer desconocidos. A esto se suma que la sexualidad de los padres adoptivos no se concretó en un hijo biológico, al menos no en el hijo adoptivo.

         Para la pareja con problemas de fecundidad hay una tensión que tiene un efecto inmediato en sus necesidades, placer y disfrute sexuales. Puede que hayan sustituido “el placer por el deber”, de modo que “hacer un niño” se impone a “hacer el amor”. Es probable que pierdan la espontaneidad sexual entre los registros de temperatura y los coitos preprogramados. Los estudios de infertilidad dejan expuestas las áreas más íntimas del amor a los ojos ajenos. Hay individuos que examinan continuamente los genitales y los fluidos y hay que informarles de las relaciones sexuales. No es de extrañar que desaparezca el deseo sexual. En caso de intervenciones activas como implantación de óvulos, inseminación, etc; la sexualidad y la procreación se separan más todavía.

         Por lo tanto, las experiencias iniciales del niño abandonado y las complicaciones en la relación entre sexualidad y procreación pueden provocar problemas a la hora de desarrollar el sistema motivacional sensual y sexual. Y en lo que se refiere a la competencia de la pareja infértil, ese sistema motivacional puede quedar herido o afectado aversivamente.

         Hay ciertos paralelismos entre el niño abandonado y la pareja infértil en lo que se refiere a sus necesidades sensuales y sexuales

1.- Intromisión en la privacidad

- En el niño, cuando los cuidadores cambian con frecuencia, lo cual puede generar sensaciones de abuso o descuido

- Para la pareja, los estudios de infertilidad pueden haber sido más o menos abusivos con su intimidad

2.- Ruptura en la conexión entre sexualidad y procreación

- El niño adoptado vive con unos padres que no hicieron el amor para tenerle y separado de los que sí lo hicieron

- Los padres no pudieron engendrar un hijo y viven con uno o dos  que son el producto de alguien que si pudo

3.-  Ni los padres ni el niño pueden confiar en el conocimiento de la relación biológica como obstáculo para los deseos y/o actos incestuosos.

         Por ejemplo, debido a las experiencias de hiper o hipo-estimulación, puede que el niño adoptado tenga  dificultades para encontrar modos adecuados de dar salida o poner límites a sus propias necesidades sensuales y sexuales y las ajenas. Esto puede remover la sensación de incomodidad que han sufrido los padres adoptivos con los estudios de infertilidad invasivos y el sentimiento de incompetencia. Puede que tanto el hijo como los padres adoptivos tengan fantasías de que los padres biológicos eran excesivamente sexuales y que el niño “lo lleva en la sangre”. Este tipo de expectativas negativas puede provocar profecías que se cumplen por sí mismas. Es más, Puede haber envidia o desconfianza sobre el modo de la pareja de afrontar la sexualidad. Además de la fantasía sobre la capacidad sexual del hijo y una posible promiscuidad (ser como una puta), es probable que también haya fantasías de sí mismos como “puros” (tipo Madonna), impotentes o frígidos.

         Las experiencias negativas de intrusión pueden dar lugar a un exceso de restricción o de transgresión. Dificultades que pueden incrementarse por el hecho de que las normas que prohíben el incesto en la familia se basan exclusivamente en motivaciones psicológicas.

         Estos retos pueden ponérselo más difícil a los padres adoptivos a la hora de reaccionar frente al niño. Pero trabajar este tipo de experiencias puede incrementar la capacidad de comprensión y respeto. Puede que los padres sepan bien lo que significa ser tratado con poco respeto y las dificultades que conlleva no poder blindar las necesidades corporales de intimidad e integridad frente a los demás. Puede que hayan aprendido cómo volver a integrar las zonas eróticas en el self corporal como partes válidas de un entidad. Esta comprensión puede hacer de este tipo de padres los más adecuados para satisfacer las necesidades de sensibilidad, empatía y límites razonables del niño abandonado.

 

En resumen

         Considero que se pueden establecer correlaciones entre las experiencias del niño abandonado y las de los padres adoptivos en los cinco sistemas motivacionales propuestos por la teoría de Joseph Lichtenberg en relación a la frustración de las necesidades básicas. Esta correlación implica un peligro psicológico para la relación entre padres e hijos de la familia adoptiva.

         Tanto el hijo como los padres pueden reactivar al otro sucesos dolorosos como intrusiones en el cuerpo y en la privacidad, pérdida del control, rupturas en la continuidad, ser diferente de los demás, deficiencias y fracasos. Las señales conductuales del hijo adoptivo que indican la existencia de problemas pueden reactivar sentimientos traumáticos en los nuevos padres. Se corre el riesgo de negar los problemas y, en este caso, no hablarlos y finalmente, no llegar a abordarlos.

         Ambas partes han sufrido ese tipo de trauma que provoca turbulencias emocionales y cognitivas, difícil de manejar sin perder la confianza en uno mismo y en los demás. En términos de edad, los padres están más maduros para afrontar y manejar estas crisis, tanto en el primer momento del encuentro como en las subsiguientes fases de desarrollo del niño, pero también en su evolución como hombre y mujer, padre y madre y las de la familia.

         La tesis principal de este trabajo consiste en que la correlación de experiencias entre padres e hijos de la familia adoptiva puede suponer un aumento de las posibilidades de ayuda y crecimiento. Si los padres abordan con empatía sus propios fallos y dificultades, también pueden afrontar con empatía los intentos del niño de superar sus experiencias paralelas. Al asumir y afirmar sus propios sentimientos, los padres pueden ayudar al hijo a que asuma los suyos.

         Para los profesionales, la teoría motivacional de Lichtenberg puede suponer una herramienta para el reconocimiento, comprensión y elaboración de las dinámicas de la familia adoptiva. El manejo adecuado de esta experiencias paralelas, en vez de provocar destructividad, puede llegar a favorecer las capacidades de reparación.

 

Fuentes de información y viñetas clínicas

         Además de la bibliografía citada, para este artículo me he apoyado en otras tres fuentes de información: mi trabajo clínico, entrevistas y mi propia experiencia personal. De pequeña fui abandonada y me crié en una familia adoptiva.

         Como psicóloga clínica y psicoterapeuta que trabaja tanto en la práctica privada como en el sistema de salud psiquiátrico, durante 25 años he estado viendo y trabajando con clientes que tienen un pasado de adopciones, ya sean padres adoptivos o niños adoptados.

         Además, durante los 6 últimos años me he embarcado en un proyecto de investigación con objeto de esclarecer dudas sobre cómo se relacionan las madres adoptivas con el concepto de maternidad. En este terreno he entrevistado a mujeres con las que no mantengo una relación de terapeuta-cliente. También he entrevistado a otros terapeutas y psicólogos que trabajan con niños adoptados.

         Para ilustrar este artículo he seleccionado a dos mujeres a quienes entrevisté sobre el tema de la maternidad. Ambas tienen alrededor de treinta años y fueron adoptadas a la edad de seis meses. Maja, que es de Suecia, tuvo una experiencia bastante negativa; mientras que Ann, que es extranjera, ve la experiencia de adopción de forma muy positiva.

        

Maja

         Maja y yo tuvimos dos entrevistas, vivía sola y no tenía hijos. Quería seguir la carrera de actriz y contaba con cierta formación en este terreno.

         Su madre biológica la abandonó al nacer y pasó los primeros seis meses en un hogar infantil. A los seis meses la adoptó una pareja que no podía tener hijos biológicos. El año anterior habían adoptado a un niño.

 

Comentarios desde la perspectiva motivacional

         Parecía como si el modo de Maja de afrontar sus necesidades psicológicas fuera, por un lado, con aprecio y cuidado de sí misma y, por otro, con negligencia. Tenía la necesidad, en sus propias palabras, “de crearme físicamente a mí misma” por medio del trabajo como artista. Sin embargo, había ciertas tendencias destructivas, tanto en lo que se refiere al abuso de alcohol como a su forma de mantener relaciones sexuales, colocándose en situaciones de riesgo. A veces se abandonaba y tenía ideas de suicidio.

         La vinculación de Maja a sus padres adoptivos era de máxima desconfianza. Nunca había creído que pudiera tener un contacto íntimo con ninguno de ellos y nunca les permitió aproximarse.

         Durante toda su infancia buscó otros adultos con los que poder identificarse y poder estar. Vivía pensando en contactar con su madre biológica. Su madre adoptiva le contó que, de bebé, solía sonreir a la gente desconocida igual que a ella, lo cual le dolía mucho. Maja se sentía diferente de sus padres adoptivos tanto físicamente como en lo personal, como si fuera una extraña en lo que se refiere a las costumbres e intereses. A Maja le costaba confiar en la gente y pedir ayuda o apoyo. Era de esas personas que se las arreglan por sí mismas.

         Maja sentía la necesidad de explorar diversas cosas de forma aventurera. Parecía tener una modo muy personal de relacionarse con las cosas y las personas. En lo que se refiere a sus intereses, siempre se sintió distinta de sus padres y nunca sintió que ellos la confirmaran. Era como si la miraran pero no la vieran. Esto le hacía sentirse mal en muchos aspectos, en concreto sentía no ser suficientemente intelectual. Trató de evitarlo tomando sus propias decisiones a la hora de elegir trabajo, pero tenía problemas con la depresión.

         Maja tenía problemas para manejar su sistema motivacional aversivo, especialmente con su madre, a quien sentía como una persona enfadada y de carácter poco fiable. Durante su infancia tuvo miedo a su madre, a la que describió como una apisonadora que sólo veía las cosas a su manera. La propia Maja tenía la tendencia a meterse en situaciones peligrosas sin tomar precauciones, aunque tenía la capacidad de superar obstáculos de todo tipo. El peligro de ser abandonada o que la dejaran de querer le llevaba a veces a no reconocer su propia rabia.

         La forma de Maja de satisfacer las necesidades de su sistema motivacional sensual-sexual era conflictiva. No lograba mantener con un hombre una relación en la que sexualidad y sensualidad estuvieran presentes al mismo tiempo. Siempre era una cosa u otra. Le costaba dejar que el hombre se le aproximara y cuando surgían los sentimientos de ternura desaparecían los sexuales. Este problema, además de sus dificultades para confiar en quien fuera impedían una relación basada en la reciprocidad y la intimidad.

        

La familia

         Sus dos padres tenían trabajos intelectuales en el campo de las ciencias naturales y les iba bien en sus empleos. Sin embargo, parecía que no hubiera herramientas suficientes para abordar la forma de sentir la vida familiar de Maja. Los sentimientos de pena y rabia eran amenazadores y parecía no haber forma de manejarlos. A menudo se sentía culpable, especialmente con su madre adoptiva.

         Desde el principio Maja supo que tanto ella como su hermano eran adoptados, pero no había forma de hablar y compartir los sentimientos que esto provocaba. No se atrevía a preguntar, pensando que sus padres se iban a sentir traicionados por su curiosidad sobre sus orígenes biológicos y los motivos de la adopción.

         Desde muy pronto Maja decidió que cuando tuviera 18 años se pondría en contacto con su madre biológica y así lo hizo. En la época de las entrevistas había contactado con una hermanastra, un hermanastro y su madre y padre biológicos. Maja esperaba tener un contacto próximo, especialmente con la madre. Afirmó sentir una gran alegría al descubrir parecidos tanto en la personalidad como en los intereses con sus padres biológicos. Eso le produjo la sensación de no ser tan extraña y rara y de pertenecer a alguien. Fue difícil establecer y mantener estos contactos, dado que le hacían sentir que estaba decepcionando a sus padres adoptivos, aunque dijo que trataba de contárselos de forma que les fueran aceptables.

 

Maja y la experiencia de la adopción

         De niña y de joven Maja se sintió extraña en la familia, lo cual le producía sentimientos de culpa. Para ella, estos problemas tenían que ver directamente con la adopción.

         Por la época de las entrevistas había empezado una psicoterapia, trabajando los recuerdos y sentimientos de su vida pasada y actual. Refirió que su forma de encontrar adultos en su infancia había sido muy importante y que esto le había ayudado a preservar algo en su interior.

         Maja no deseaba tener un hijo propio todavía, dado que no se sentía preparada. En una ocasión tuvo un aborto, lo cual le hizo sentirse culpable con su madre adoptiva, que no podía tener hijos. Había estado totalmente ambivalente antes de la intervención ya que en aquel entonces supo que había estado a punto de abortar espontáneamente. Cuando llegara el momento de estar preparada, Maja preferiría tener un hijo biológico, aunque podría plantearse la adopción, como forma de cuidar de un niño abandonado que no tenía adonde ir.

         Cuando surgía alguien que quería adoptar, Maja decía que deberían tener una capacidad especial para captar quién era el niño realmente. Los padres adoptivos deberían atender con cuidado las señales e impulsos del niño, en vez de tratar de conformarlo a sus necesidades y expectativas.

 

Ann

         Ann y yo tuvimos una larga entrevista. Estaba felizmente casada y tenía una niña de cuatro años y medio. Había estudiado y tenía un buen trabajo.

         A Ann la encontraron abandonada en un cubo cuando tenía un mes. Antes de la adopción la cuidó una mujer que anotó todo lo que ocurrió mientras estuvo allí. A los seis meses una pareja con problemas de fertilidad la adoptó. 5 años después adoptaron otro hijo. 1 año después tuvieron un hijo biológico.

        

Comentarios desde la perspectiva motivacional

         Ann parecía arreglárselas bien en lo que se refiere a la regulación psíquica de sus necesidades biológicas. El embarazo, el parto, la lactancia y la crianza de su hija habían sido una experiencia gozosa y cuando surgieron problemas Ann supo buscar la ayuda adecuada y el apoyo de su entorno.

         Ann hablaba de un apego profundo hacia sus padres, hacia cada uno de ellos, de modo diferenciado. Durante el embarazo la relación con su madre se hizo más profunda y luego, cuando nació el niño, ocurrió lo mismo con el padre y la madre.

         Venía del otro lado del mundo y se refería a su apariencia física como algo de importancia relativa para la familia y los amigos. “Con el tiempo la gente dejaba de pensar en eso”. Durante la adolescencia y en la etapa de hacerse mujer consideraba sus rasgos étnicos como algo positivo y exótico.

         Parecía haber un vínculo entre Ann y la cultura y lengua suecas. Cuando tenía alrededor de veinte años vivió en otro país escandinavo, pero no quiso aprender la lengua. Hubiera sido una amenaza para su identidad. Hoy en día, a veces le gustaría viajar al extranjero, pero no mudarse a otro país.

         Parece que Ann había desarrollado bien su sistema motivacional exploratorio-asertivo. Le fue bien en el colegio, tenía ambiciones y una necesidad de explorar situaciones y relaciones nuevas cargada de seguridad. También tenía un buen trabajo creativo que le satisfacía.

         No sé mucho sobre la forma que tiene de manejar sus necesidades aversivas. Sin embargo me contó que había caído en la cuenta del fuerte carácter y decisión de su hija, que reconocía como propios. Su madre adoptiva decía que de pequeña Ann tenía las mismas explosiones de humor. Parecía que manejaba adecuadamente las agresiones y cabezonería de su hija.

         En lo que se refiere a su sistema motivacional sensual-sexual, Ann se describía como una mujer tardía, afirmando que la mayor parte de estas necesidades las había satisfecho felizmente su marido durante los seis años de su relación.

 

La familia

         La familia en que creció Ann parecía caracterizarse por un alto grado de respeto hacia las diferencias de personalidad de sus miembros. En este sentido, describió a su hermano como una persona muy diferente. Las relaciones con el padre y la madre, la forma de quererse y de resolver los problemas también eran muy distintas de las suyas. Parecía que la experiencia de la adopción se había convertido en una parte integrante de la historia familiar, tanto mentalmente como en lo que se refiere a los afectos.

 

Ann y la experiencia de la adopción

         En conjunto Ann se sentía satisfecha con su vida actual y pasada. Para ella esto tenía que ver con haber sido adoptada y el gran interés que sentían sus padres por ella y sus hermanos.

         De joven pensaba que era muy importante tener un hijo biológico. Si no, sentiría que estaría flotando en el aire. También creía que su hijo sería un eslabón con el futuro. En el momento de la entrevista ya no pensaba lo mismo y estaba considerando la posibilidad de adoptar. De hecho, en ese momento ya tenía una hija.

         En la entrevista Ann se refirió a ciertos aspectos positivos en la adopción, por ejemplo:

- Su madre adoptiva solía decir que siempre fue un gran honor no haber dado nada por supuesto con sus dos hijos adoptivos. Es más no tenía que pensar en que iban a heredar sus rasgos negativos.

- La experiencia de la adopción permite que tanto el hombre como la mujer lo compartan todo cuando les entregan al niño. Como decía Ann, sabía por propia experiencia que, excepto dar de mamar, el hombre puede hacerlo todo igual que la mujer.

- Desde la perspectiva de Ann, la adopción es la prueba última de la humanidad de las personas. La gente que cuida, ama y se siente orgullosa de un hijo adoptivo demuestra que todavía hay esperanzas para la humanidad.

- De todos modos, Ann añadió que en el momento de la adopción, era absolutamente necesario que el niño fuera muy pequeño, para que todos, padres y bebé,  tuvieran la oportunidad de conocerse desde el principio. También consideraba que esos procesos tan largos de fertilización, además de dolorosos, parecían colocar a la adopción en un lugar de segundo orden, lo cual minusvalora este tipo de construcción de la familia.

 

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