Escribir psicoanálisis

Jan Stensson, Rönninge, Suecia

Int Forum Psychoanal 2001;10:191-195

 

Traducción: Javier Naranjo Royo, Ceap, Madrid, España.

 

            Kant afirma que el placer de articular y tener una perspectiva del mundo es fundamental para la capacidad de formular juicios cognitivos, estéticos o éticos. La verdad presupone una capacidad que nos permite hacer totalmente comprensible el mundo. Kant, citado por Bowie (1), nos habla de un arte oculto en lo más profundo del alma humana. Lo denomina “esquema” y se refiere a la capacidad de “ver algo como algo”, y probablemente se corresponda con la “función alfa” de Bion. La capacidad de articular se fundamenta en la actividad cognitiva e imaginativa.

            Cuando un individuo carece de la capacidad de comprender y articular su propio mundo, necesita una psicoterapia psicoanalítica. Lo que realmente está en juego es la capacidad de desarrollar verbalmente lo que antes era imposible de poner en palabras. Decir lo “indecible” se convierte en algo más significativo todavía cuando hay alguien para recibirlo, de modo que surja el diálogo. Schleiermacher (2) ya ha formulado la idea de que el lector puede, “al principio, comprender la transcendencia igual que el autor y, luego, mejor que él” y que la comprensión constituye un proceso continuo y no una posición final. Por lo tanto, la interpretación, en sentido amplio, es un complemento necesario para la articulación del paciente. La forma y contenido del diálogo analítico implican que, en ciertos aspectos fundamentales, no hay una realidad externa con la que poder validar la comprensión. Más bien, la interpretación forma parte de un intento mutuo de establecer y crear una articulación veraz.

            En el marco de la presente discusión sólo podré abordar determinados aspectos del vasto campo al que remite el título “Escribir psicoanálisis”. Comenzaré con un análisis comparativo de dos escritos psicoanalíticos recientes. Quiero subrayar que no es mi objetivo evaluar la calidad del trabajo terapéutico ni las teorías que han motivado a los autores manifiesta o implícitamente. Mi impresión es que en ambos casos se ha llevado a cabo una buena labor terapéutica. Por el contrario, mi discusión crítica se referirá a las diferencias en cuanto a la presentación del material clínico y cómo se relaciona esto con el problema de las pruebas en que se basan.

            En el número de agosto del International Journal of Psychoanalysis, 2000 (3) se publicó el artículo de Betty Joseph “La amabilidad como obstáculo” en el que describe y discute su trabajo con una joven. Jenny, de 16 años, viene a sesión y cuenta un sueño:

 

Había una casa de estilo victoriano en la que parecía que vivía con una mujer: su madre o su abuela. Jenny y la mujer están hablando en una cocina grande mientras cortan verduras para una fiesta. De repente la mujer se vuelve loca, se desabrocha la ropa, se pone a saltar, coge un cuchillo de carnicero e intenta clavárselo a la paciente. Luego se pone a caminar por las paredes, como si volara. Jenny tiene miedo: debe llamar a un médico aunque sabe que se trata de un ataque, como si la mujer ya hubiera estado enferma anteriormente.

            Coge un teléfono anticuado y marca el 999 (urgencias), pero el hombre que contesta le dice que es un número equivocado, para urgencias tiene que marcar el 100 (operadora). Ella prueba en este teléfono y pide urgentemente un médico. Le preguntan su dirección, ella no la sabe, trata de describir la casa grande de la esquina y sale a recibir al médico. Llega un hombre de aspecto siniestro que carga un paquete y le pregunta si es médico. Él pregunta que dónde está el paciente. Entonces saca un jeringuilla. Jenny le pregunta ¿Es heroína? ¿Se hará adicta? La mujer debe ponerse ella misma la inyección, lo hace, se calma, cierra los ojos y se duerme. El médico dice: “Ya está, ha muerto, ahora cálmese”.

 

            Previamente Joseph nos ha contado que Jenny tiene la costumbre de estar de acuerdo y ser complaciente. También cuenta que han trabajado este tema en relación con el deseo de Jenny de disminuir la frecuencia semanal de cuatro a tres sesiones. Joseph considera que:

 

Creo que este sueño ilustra una gran cantidad de temas en los que hemos estado trabajando. (…) da una imagen clara de lo intensamente perseguidor que es el mundo interno de esta chica, una imagen que colorea toda su relación con el mundo externo. Hay una clara identificación con su madre, la mujer que erotiza, se desabrocha la ropa, se vuelve loca, violenta, y de la que Jenny sabe que ya se ha puesto así antes. Pero a medida que cuenta el sueño se seda a sí misma, distanciándose de él. Lo cuenta sin ninguna implicación, ausente, y cualquier preocupación o conciencia de la calidad de pesadilla del sueño la proyecta en la analista. El sueño apunta hacia la desesperanza de cambiar el mundo, siendo la única solución escapar o destruir a sus perseguidores, su madre y yo misma, o drogarse y calmar su mente, por ejemplo, con su amabilidad.

 

            El otro texto es de Michael Eigen y está tomado de un capítulo titulado “Un universo libre de bichos”, de su libro “Crianza tóxica”(4):

 

Alice habla de sí misma como alguien que ha estado aplastado desde pequeña. Soñaba con bichos que la atacaban desde dentro y fuera de su cuerpo. La mayor parte de su vida creyó que los bichos eran ella: un bicho que su madre había aplastado. Su modelo de identidad era el de un bicho aplastado. Era lo que más se parecía a su forma de ser. Cualquier impulso de ser otra, o algo más que un bicho, era amenazadora. Si volvía a revivir volverían a aplastarla. Pero su madre también era un bicho, y la chinchaba. La locura y el odio que se tenía su madre la asaltaban horriblemente y sin descanso.

De pequeña, nunca se le ocurrió pensar que su madre se odiaba y que ella (Alice) era la depositaria del odio que su madre se tenía. (…) Alice y yo nos aferrábamos el uno al otro muy por debajo de las raíces de la muerte. Nos llevó años darnos cuenta de lo profundamente entrelazados que estábamos. Era el sentimiento silente que cada uno tenía por el otro, lo que resultó ser importante a la larga. Nos encontrábamos el uno al otro debajo de una psique aplastada o no existente, en un modo que permitía crecer una psique que apoyaba la vida (…) ¿Porqué funcionaba esta conexión interior invisible entre nosotros? ¿Me atreveré a decirlo? Yo sentía algo musical en nuestra mutua percepción muda. Era altamente comprimido, prácticamente inaudible, virtualmente inutil y muy soterrado. Era como si hubiera un diapasón en ella que resonara con el mío, pero los diapasones tenían mucha suciedad encima, un montón de basura, desorden, fragmentos de alma aplastada, por eso no resonaban mucho. No hacía falta tener mal oído para no oírlo - sería muy fácil no oirlo, pero nosotros lo sentíamos. Nuestras almas aplastadas se veían y se oían. En algún lugar altamente comprimido de nuestro ser éramos transparentes (…) A veces los bichos hacen ruidos, un poco como violines o instrumentos de viento de madera. Los sonidos que hacen los bichos no se parecen verdaderamente a la música hermosa. Pero nos obligan a prestar atención, como si tratáramos de oir algo que no llegamos a oir. Alice y yo seguimos escuchándonos y , de vez en cuando, oímos algo más que un zumbido. ¿Cómo es posible ser bichos aplastados y sin embargo estar apoyados en nuestra vida por la música de las almas, la música de las esferas?

 

 

            Este es un tipo de escrito muy diferente. El modo de escribir de Joseph refleja un estilo psicoanalítico más tradicional. Su texto sugiere una sensación más científica. El lector podrá llegar a la conclusión de que la formulación de Betty Joseph está más fundamentada en pruebas que la de Eigen. La forma de escribir de la primera transmite la presunción de que sus términos tienen una base científica y representan la realidad subyacente. También podría decirse que Joseph se apoya en conceptos supuestamente generales y universales, mientras que el estilo de Eigen podría resultarnos más idiosincrático. Veamos de cerca algunos ejemplos.

            Al relatar el sueño, Joseph escribe “da una imagen clara de lo intensamente perseguidor que es el mundo interno de esta chica, una imagen que colorea toda su relación con el mundo externo”. Por lo tanto presupone que hay un “mundo interno” del cual el sueño da una descripción representativa. El tema de la “realidad interna” se ha discutido en psicoanálisis durante mucho tiempo y la teoría Kleiniana de los que más. Donald Meltzer (5) afirma, por ejemplo, “vivimos en un mundo interno que es un lugar tan real donde vivir como el mundo externo”. En esta teoría el mundo interno no equivale a “retratos y representaciones” de la realidad externa. Se considera que el mundo interno es un mundo vivido concretamente y que se fundamenta en la estructura psíquica del individuo. Sin profundizar más en este asunto tan importante y complicado, podríamos preguntarnos simplemente ¿Según Joseph, de qué modo representa el sueño al mundo interno de Jenny?¿En base a qué reglas y en qué sentido podemos decidir que este sueño describe el mundo interno de Jenny?

            Eigen no hace diferencias entre mundo interno y externo. Él escribe: “Durante muchos años Alice vivió en un mundo poblado de nada, salvo insectos” Obviamente esta formulación no pretende ser una descripción representativa del mundo de Alice, más bien funciona como metáfora desarrollada durante el diálogo psicoanalítico.

            Joseph escribe: “Hay una clara identificación con su madre, la que Jenny sabe que ya se ha puesto mujer que erotiza, se desabrocha la ropa, se vuelve loca, violenta, y de la que sabe que se ha puesto así antes”¿En qué reglas nos basamos para decidir que Jenny se identifica en el sueño con la madre? ¿Cómo sabe Joseph que la mujer erotiza cuando se desabrocha la ropa? Quizás Joseph tenga razón. El problema es que ella, igual que otros muchos psicoanalistas, hace afirmaciones sobre los fenómenos como si su validez representativa estuviera bien establecida. En este tipo de discurso se hace evidente el riesgo de caer en una lógica circular, más enturbiante que aclaradora.

            Eigen escribe sobre la relación de Alice y su madre: “De pequeña, nunca se le ocurrió pensar que su madre se odiaba y que ella (Alice) era la depositaria del odio que su madre se tenía”. En su descripción, Eigen no transforma su experiencia de la vida de Alice en un sistema de mecanismos psicológicos que oculta una estructura supuestamente velada y verficable. Sus formulaciones nos muestran que está tratando de buscar una descripción de las las condiciones de vida de Alice, que es verdad, en el mismo sentido en que es verdad la buena poesía.

            Joseph describe así su relación con Jenny: “…a medida que cuenta el sueño se seda a sí misma, distanciándose de él. Lo cuenta sin ninguna implicación, ausente, y cualquier preocupación o conciencia de la calidad de pesadilla del sueño la proyecta en la analista”, El modo de Jenny de contar el sueño, distanciada, como si no tuviera que ver con ella lo interpreta Joseph como una proyección de Jenny sobre la analista de la cualidad de pesadilla del sueño. Quizás sea como dice Joseph. Sin embargo parece como si Joseph estuviera utilizando aquí un tipo de razonamiento circular, muy frecuente en los textos psicoanalíticos. La forma de hablar de Jenny se considera primero como un signo de la proyección de ansiedad. Luego se utiliza el mismo fenómeno como prueba de que Jenny está proyectando. En otra parte de su artículo Joseph nos dice que, cuando Jenny le está contando el sueño, siente “que se sube por las paredes, que la aparente falta de preocupación de Jenny la vuelve loca, su testarudez, su inalcanzabilidad”. ¿Pero, hay alguna prueba independiente de que los sentimientos de Joseph sean consecuencia de la proyección de las emociones de Jenny sobre Joseph?

El retrato de Eigen de la relación terapéutica es más extenso, aunque hay otras cualidades que lo diferencian del de Joseph. Él escribe:

 

Alice y yo nos aferrábamos el uno al otro muy por debajo de las raíces de la muerte. Nos llevó años darnos cuenta de lo profundamente entrelazados que estábamos. Era el sentimiento silente que cada uno tenía por el otro, lo que resultó ser importante a la larga. Nos encontrábamos el uno al otro debajo de una psique aplastada o no existente, en un modo que permitía crecer una psique que apoyaba la vida (…) ¿Porqué funcionaba esta conexión interior invisible entre nosotros? ¿Me atreveré a decirlo? Yo sentía algo musical en nuestra mutua percepción muda. Era altamente comprimido, prácticamente inaudible, virtualmente inutil y muy soterrado. Era como si hubiera un diapasón en ella que resonara con el mio, pero los diapasones tenían mucha suciedad encima, un montón de basura, desorden, fragmentos de alma aplastada, por eso no resonaban mucho. No hacía falta tener mal oido para no oirlo - sería muy fácil no oirlo, pero nosotros lo sentíamos. Nuestras almas aplastadas se veían y se oían. En algún lugar altamente comprimido de nuestro ser éramos transparentes (…) A veces los bichos hacen ruidos, un poco como violines o instrumentos de viento de madera. Los sonidos que hacen los bichos no se parecen verdaderamente a la música hermosa. Pero nos obligan a prestar atención, como si tratáramos de oir algo que no llegamos a oir. Alice y yo seguimos escuchándonos y , de vez en cuando, oimos algo más que un zumbido. ¿Cómo es posible ser bichos aplastados y sin embargo estar apoyados en nuestra vida por la música de las almas, la música de las esferas?

 

¿Qué tipo de lenguaje es éste? Eigen habla de bichos, raíces, diapasones, violines, sonidos de instrumentos de viento de madera, música, etc. Sin embargo, queda claro que cuando habla de diapasones no lo entiende literalmente, ni como una representación directa de sí mismo o del paciente. Podemos considerar alegórica o metafórica su descripción. También podemos considerarla poética, en el sentido primitivo de creativa. La exposición poética o alegórica nos da la posibilidad de formular cosas que no pueden expresarse en formulaciones definitivas. En las formulaciones alegóricas se expresan propuestas que niegan su sentido representativo. En este caso hablamos de cosas que son distintas de lo que parecen.

Cuando Joseph, por otra parte, escribe sobre la “identificación con la madre”, o “la mujer que erotiza”, utiliza literalmente estas expresiones y asume implícitamente que hay pruebas que lo demuestran. En consonancia, la verdad individual de Jenny se reduce a categorías teóricas. La utilización representativa o literal del lenguaje no llega a expresar el movimiento tonal total del individuo, lo característico suyo. Disponemos de un conjunto relativamente limitado de palabras con el que intentar transmitir una realidad ilimitada. El lenguaje representativo, literal, es útil para las abstracciones o las categorizaciones. Tambien está en la naturaleza del lenguaje representativo, que cuando se ha identificado y nombrado un fenómeno, el término señala su momento final. Jenny se ha identificado con su madre, que está erotizando. El término no busca ninguna continuidad, sino que aspira a representar una verdad final. El lenguaje alegórico, por propia naturaleza, es siempre provisional.

La exposición poética o alegórica nos permite posibilidades únicas de describir la riqueza particular de los matices, a través de la aplicación compleja y multidimensional del lenguaje y una interacción dinámica entre el carácter universal del lenguaje y el manejo y moldeado subjetivos del mismo. Este aspecto del lenguaje que Schleiermacher denominó gramático o lógico, gana mucho en vivacidad cuando permitimos entrar en juego la dimensión que él llamó Gefühl (sentimiento) o el aspecto musical. El aspecto gramático abarca cosas como las reglas sintácticas y el significado léxico de las palabras. El cumplimiento de tales normas es necesario para la comprensión y consenso intersubjetivos. En general, el término Gefühl de Schleiermacher se ha malinterpretado. Para él, indica auto-consciencia inmediata (aquí auto-consciencia se refiere al fenómeno de la experiencia inmediata y sin sesgos del self de uno mismo y de sus funciones) (6). Gefühl, en el sentido de Schleiermacher, es una condición lógica para nuestra capacidad de explicarnos la estructura de la auto-consciencia. Un ejemplo claro sería la proposición “Yo sé que sé”. Si las dos aliteraciones del “yo sé” no tienen un estatus diferente, habrá un retorno infinito: Yo sé que yo sé que yo sé…”. El primer “Yo sé” es inmediato y no puede comprenderse o explicarse desde otro campo. Esta es la auto-consciencia inmediata. El otro “yo sé” de la frase es resultado de una reflexión. El “sentimiento” o la “auto-consciencia inmediata” constituye, entonces, la base de la reflexión, pero no puede reflejarse a sí mismo, porque es inmediato e indiviso. De modo parecido, lo que en la jerga psicoanalítica se denomina “el self observador” es un aspecto de la auto-consciencia inmediata. Es la base de la observación, pero no puede observar por sí mismo. La “autoconsciencia inmediata” tiene una transcendencia fundamental para el concepto psicoanalítico de verdad.

Ciertamente no es casual que Eigen utilice metáforas musicales como el sonido del diapasón y los instrumentos de viento, al tratar de transmitir su autoconsciencia inmediata, su sentimiento, en el proceso terapéutico. La autoconsciencia no puede manifestarse ella misma en el modo semántico sola, esto es, a través de un uso representativo y gramatical del lenguaje. La analogía con la música puede clarificarlo mejor. Hoy en día podemos hacer sonar una pieza musical de forma totalmente mecánica, de modo que reproduzca fielmente la notación. Es una articulación totalmente circular dentro de un sistema cerrado. El “sentimiento” se plasma en aquellos aspectos de la ejecucuón que no son semánticos, en el sentido de que no pueden registrarse como representación objetiva. El “sentimiento” de la interpretación no es, por tanto, cuestión de empatía, sino de la sensibilidad inmediata hacia las combinaciones de particularidades individuales y la articulación de los medios lingüísticos comunes.

Oliver Sacks ha descrito un grupo de individuos con determinadas perturbaciones afásicas. Estas personas, aunque no podían comprender las palabras concretas, sí podían detectar lo engañoso en un discurso del presidente Reagan, por medio de su percepción de la dimensión musical. La mayoría de los afásicos se reía del discurso de Reagan. La sensibilidad hacia la musicalidad se perdía en lo que Reagan estaba diciendo. Los tonos y ritmos falsos de su modo de hablar sonaban especialmente engañosos para estos pacientes sin palabras pero considerablemente sensibles (7).

El ejemplo de Sacks con pacientes afásicos apunta hacia esos niveles y formas de la verdad y la prueba a los que, como psicoterapeutas, deberíamos estar abiertos y observar. No se trata de un tipo de conocimiento que pueda verificarse a través de métodos experimentales. Más bien es una cuestión de empeño de analista y analizando por articular la auto-conciencia inmediata en un modo que descubra la verdad. Por otro lado, una condición necesaria para este tipo de desvelamiento de la verdad es el desarrollo de una disciplina ética y creatividad estética. La formación psicoanalítica y psicoterapéutica podría, en el mejor de los casos, contribuir al desarrollo de esta capacidad. Desafortunadamente los institutos de formación se rigen por otras motivaciones y, en ese sentido, no llegan a apoyar a los candidatos en dicho desarrollo.

En el metodo psicoanalítico hay implícita una expectativa ética, que es esencial para este diálogo cargado de significación. Esto requiere que ambas partes hablen desde una postura de verdad y, complementariamente, que se escuchen mutuamente desde esta posición básica de esperar que el otro exprese su verdad hasta donde sea capaz. Esta posición básica también exige una posición ética de comunicación no violenta, en el sentido de que ambos apoyen el desvelamiento de la verdad y eludan la distorsión de esta con interpretaciones prejuzgadas. Yo pongo en cuestión la “hermenéutica de la sospecha”, que se aplica de modo implícito en multitud de análisis. También pongo en duda la relativización del concepto de verdad que subyace en la expresión “verdad narrativa” y otras formulaciones similares. El diálogo psicoterapéutico se asemeja al trabajo artístico en el sentido de que implica más posibilidades de peso significativas que las que pueda haber en cualquier otra formulación teórica. Por ello, las consideraciones éticas y estéticas exigen que la persona que escribe sobre psicoanálisis no simplifique o vaya por atajos, apoyándose en abstracciones cerradas, cuando aborda temas complejos. Debería tratar de buscarse un modo de expresión veraz que facilite un proceso continuo de desarrollo metafórico de la multidimensionalidad de la vida humana.

 

Traducción: Javier Naranjo Royo, Ceap, Madrid, Spain.

 

Bibliografía

 

1.- Kant I. Kritik der reinen Vernunft. Quoted in: Bowie A. From Romanticism to Critical Theory. The philosophy of German literary theory. London: Routledge, 1997, p. 57.

2.- Schleiermacher F. Hermeneutik und Kritik. Quoted in: Bowie A. From Romanticism to Critical Theory. The philosophy of German literary theory. London: Routledge, 1997, p.123.

3.- Joseph B. Agreableness as obstacle. Int J Psychoanal 2000; 81 (3).

4.- Eigen M. Toxic Nourishment. London: H Karnac Books, 1999.

5.- Meltzer D. Quoted in: Hinshelwood RD. A Dictionary of Kleinian Thought.

6.- Schleiermacher F. Selbstbewusstsein als Gefühl. In Frank M, Selbstbewusstseintheorien von Fichte bis Sartre.

7.- Sacks O. Quoted in: Bowie A. From Romanticism to Critical Theory. The philosophy of German literary theory. London: Routledge, 1997, p. 123 .

 

 

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